Durante siete meses, nadie supo nada de Silvia, una vecina de la calle Nogoyá, en Buenos Aires. En el edificio, los vecinos no notaron señales inusuales: ni olores, ni la ausencia de compras, ni el impago de expensas. Las boletas de impuestos se acumulaban sin respuesta.
El lunes pasado, una amiga de Silvia se acercó a una oficial de policía y le informó que la mujer no había salido de su departamento en mucho tiempo y que la puerta estaba cerrada con llave.
Con una orden judicial, los agentes ingresaron al departamento. Allí se encontraron con un fuerte olor pestilente y el cuerpo de Silvia en estado esquelético, recostado en la cama y cubierto con una sábana.
En el lugar, no se hallaron signos de violencia.
Fuente: La Nación