
La vieja discusión sobre si la música popular es o no literatura es hace tiempo una necedad. Muchas de las canciones de José Luis Perales son historias, que se cuentan desde otra mirada.
Algo deben tener las tierras de la Alcarria cuyas cosechas son la excelencia. Ya dio cuenta de ello a finales de la década de los 40 nuestro premio Nobel de Literatura Camilo José Cela con su libro de viajes por esa desconocida zona de nuestro país. Mientras estos relatos se aposentaban, un niño de 6 años de Castejón (Cuenca) se apuntaba a la rondalla del pueblo para tocar el laúd y a los 16 compuso su primer tema, Niebla.
Aquel niño timidillo, solitario, inquieto y hasta cierto punto taciturno se convirtió en uno de los cantantes y compositores más importantes del panorama latino. Es José Luis Perales, quien el próximo 18 de enero llega a los 80 años.
Hay algo de mágico en los desvanes de las casas de pueblo. Allí se escondía José Luis para componer en días de lluvia y apreciar la naturaleza con el catalejo de su abuelo. El sentimiento de lo auténtico siempre le ha aflorado, lo que le ha hecho inmune a la artificiosidad de la fama. No quiere las etiquetas de mito o leyenda. Como a él le gusta decir «soy un contante de historias» (sí, con ‘o’).
La economía familiar era escasilla. En casa él era el único varón de cinco hijos. A sabiendas de que Cuenca es una tierra áspera, dura y hostil, veneraba tanto a su padre que José Luis estaba decidido a ser albañil como él. Sin embargo, su progenitor le regaló la palabra más bonita que aún atesora con orgullo, libertad. Aceptó una beca para estudiar en la Universidad Laboral de Sevilla donde formó el grupo musical llamado The Lunic Boys, que fabricaban sus guitarras en los talleres del centro educativo. Continuó formándose en Madrid como ingeniero eléctrico, pero aquello no iba con él a pesar de que, ojo al dato, es quien puso las farolas de la playa de la Concha de San Sebastián.

En Madrid trabajó como delineante en el Instituto Nacional de Industria (INI), profesión que compaginó con la composición de canciones. «Con el sueldecito que ganaba en la oficina me mantenía y me pagaba mi pisito de soltero. Me lo monté muy bien y, poco a poco, empecé a cobrar derechos de autor. La primera paga fueron 1.500 pesetas. Como no paraba de componer, cada tres meses cobraba y llegó un momento en que gané más de los derechos de autor que del salario de delineante», recordaba. En la oficina su vida personal cambiaría para siempre, ya que a principios de los 70 se enamoró de Manuela Vargas, que ejercía como secretaria y traductora de inglés. Ella sigue siendo el gran amor de su vida.
‘POR QUÉ TE VAS’
Sin dejar de lado su talento innato, a través de unos amigos consiguió una cita en una discográfica. El director fue a destajo: «Debo ser sincero contigo. Creo que como cantante no tienes mucho futuro ya que no tienes una gran voz y físicamente no eres un galán de cine. Sin embargo creo que eres un buen compositor de canciones». Hizo letras para Hierbabuena, Marián Conde y Fórmula Quinta. Poco después Hispavox le contrató y escribió para Jeannette Por qué te vas, un exitazo con millones de copias vendidas que aumentó exponencialmente al ser parte de la banda sonora de Cría cuervos, de Carlos Saura.
Le hubiera gustado que Nino Bravo hubiese cantando alguna de sus letras, pero llegó tarde. Sin embargo, se enorgullece de que el divo Raphael haya sido el que mejor ha captado sus composiciones.
Me considero menos monje de lo que dicen, menos bueno de lo que creen y más simpático de lo que se piensa
Perales hubiera preferido ser sombra, pero Rafael Trabucchelli, el mejor productor musical de aquel momento que cosechó un inmenso éxito con el Himno a la alegría de Miguel Ríos, quiso darle la luz que merecía. Hizo que compusiera para Paloma San Basilio, Raphael o Massiel y le obligó a firmar un contrato como intérprete. Su primer tema, Celos de mi guitarra, llegó al número uno en los 40 Principales.
En poco tiempo ganó su primer premio de manos de Luis del Olmo en el Festival de Roda de Barà y debutó en la discoteca Don Chufo de Barcelona, donde también cantaron Julio Iglesias y Chavela Vargas. Su exitazo como cantante se tradujo en un sinfín de giras por España y Latinoamérica.
Hay que trasladarse a 1979 con el disco Tiempo de otoño para descubrir uno de sus emblemas musicales, Un velero llamado libertad. Paralelamente ideó la sintonía de la serie de dibujos animados Érase una vez… el hombre y compuso para Miguel Bosé, Los Pecos y Enrique y Ana, que cantaban aquello de Baila con el hula hop.
José Luis se comía los escenarios a pesar de aquella fama de hombre blando y triste que enaltecieron Martes y Trece o las viñetas de El Perich. Este ha sido el sambenito con el que ha tenido que cargar, quizás, producto de la timidez que le invade desde que tiene uso de razón. Pero a veces él se defiende con gracia: «Me considero menos monje de lo que dicen, menos bueno de lo que creen y más simpático de lo que se piensa».
La llegada de 1982 se tradujo con un hit que hizo las delicias de la prensa del corazón, ¿Y cómo es él?, que a priori compuso para Julio Iglesias y que terminó cantando él porque la discográfica olía su éxito. Se dijo que era un tema creado para su hija, pero en realidad se inspiró en Julio, que había sufrido la infidelidad de Isabel Preysler con Carlos Falcó, marqués de Griñón.
Tres años más tarde llegó la revolución rosa personificada en Isabel Pantoja, para quien Perales compuso Marinero de luces en su regreso a los escenarios tras convertirse en la viuda de España. El estreno en el teatro Lope de Vega de Madrid contó con la presencia estelar de la Reina Sofía, a quien en la segunda parte del concierto se dirigió con estas palabras: «Majestad, si me lo permite, se la voy a dedicar a él» (Paquirri).
José Luis podría explicar miles de anécdotas, pero hay una que le llena de orgullo. Descubrió que Gabriel García Márquez le admiraba porque explicaba una historia en tres minutos mientras que a él le costaba un libro. Se conocieron y el escritor le regaló El coronel no tiene quien le escriba.
De las 1.000 canciones que ha escrito, solo la mitad han sido grabadas, por él u otros artistas. Consciente de su tono almibarado y de que hubo un momento en el que tenía que dejar de repetirse, se autocensuró con ciertas palabras como velero, golondrina, paloma, ventana o lluvia en el jardín. Su canción favorita es Que canten los niños, un homenaje a Aldeas SOS.

Ha vendido más de 55 millones de discos y los derechos de autor le siguen haciendo millonario. Posee propiedades en Madrid, Cuenca, Castejón y Valencia y espera dejar un futuro dorado a sus dos hijos, Pablo y María, y sus cuatro nietos, Manuela, Guillermo, Noa y Zoe.
Seis décadas después de su debut, según revela su hijo Pablo a LOC, sigue grabando y componiendo canciones, «que es lo que más le ha motivado siempre». Es de las giras de lo que se retiró hace unos años. En su tiempo libre, no se aburre. Perales encuentra placer haciendo cerámica sigillata y romana, escribiendo libros y amando ese campo que le vio nacer.
SU DISCRETA FAMILIA
Tras cuatro años de noviazgo (se conocieron en la oficina de Madrid donde él trabajaba como delineante y ella, como secretaria y traductora de inglés), José Luis y Manuela se casaron en julio de 1977 en el convento de San Pablo de Cuenca, en la actualidad reconvertido en parador. Como la prensa rosa había propagado el feliz acontecimiento, alrededor de 2.000 personas se congregaron en los aledaños para estar cerca de su estrella. El convite se hizo en el atrio del monasterio donde los invitados degustaron caviar, codornices y trucha del Júcar, puchero de judías pintas, pisto manchego o morteruelo conquense.
Su primer hijo, Pablo, nació al año siguiente y María, en 1980. A medida que se fue cotizando al alza en la bolsa de la popularidad, «una revista del corazón me ofreció mucho dinero por hacer un posado con mis hijos por Navidad, frente a la chimenea de casa, pero no me sentía cómodo con eso y lo rechacé», confesó a EL MUNDO hace unos años.
Ha vendido más de 55 millones de discos y los derechos de autor le siguen haciendo millonario. Posee propiedades en Madrid, Cuenca, Castejón y Valencia y espera dejar un futuro dorado a sus dos hijos, Pablo y María, y sus cuatro nietos, Manuela, Guillermo, Noa y Zoe.
Seis décadas después de su debut, según revela su hijo Pablo a LOC, sigue grabando y componiendo canciones, «que es lo que más le ha motivado siempre». Es de las giras de lo que se retiró hace unos años. En su tiempo libre, no se aburre. Perales encuentra placer haciendo cerámica sigillata y romana, escribiendo libros y amando ese campo que le vio nacer.
SU DISCRETA FAMILIA
Tras cuatro años de noviazgo (se conocieron en la oficina de Madrid donde él trabajaba como delineante y ella, como secretaria y traductora de inglés), José Luis y Manuela se casaron en julio de 1977 en el convento de San Pablo de Cuenca, en la actualidad reconvertido en parador. Como la prensa rosa había propagado el feliz acontecimiento, alrededor de 2.000 personas se congregaron en los aledaños para estar cerca de su estrella. El convite se hizo en el atrio del monasterio donde los invitados degustaron caviar, codornices y trucha del Júcar, puchero de judías pintas, pisto manchego o morteruelo conquense.
Su primer hijo, Pablo, nació al año siguiente y María, en 1980. A medida que se fue cotizando al alza en la bolsa de la popularidad, «una revista del corazón me ofreció mucho dinero por hacer un posado con mis hijos por Navidad, frente a la chimenea de casa, pero no me sentía cómodo con eso y lo rechacé», confesó a EL MUNDO hace unos años.
SU HIJO PABLO, TAMBIÉN EN LA MÚSICA
En el álbum ‘Entre el agua y el fuego’ (1982) destaca ‘Canción infantil’, dedicada a su hijo Pablo. La primera estrofa dice así: «Por haberte lavado las manos y desayunar, por haberte vestido tú solo, por haber dado un beso a mamá, por haber ido hoy al colegio, por haber compartido tus juegos, hoy te voy a contar otro cuento que te gustará». En la letra también aparece María.
Desde que Pablo estudiara en Berklee, la elitista universidad privada de música más grande del mundo ubicada en el feudo de los Kennedy (Boston), se ha convertido en el puntal principal en la carrera de José Luis. Ejerce como productor musical y es gerente de la empresa Tom Music SL. Su hija Manuela es la primera nieta de José Luis, cuyo bautizo tuvo lugar en 2010 en el Vaticano, donde les acompañó Paloma Gómez Borrero, íntima de la familia. Pablo ha sido el productor del disco ‘Propiedad de nadie’ de Rosa López.
FUENTE : EL MUNDO