A sus 77 años, Raúl Medina no imaginaba que esa tarde se convertiría en el protagonista de una historia que marcaría para siempre a toda una comunidad. Jubilado, vecino solidario y hombre de costumbres simples, detuvo su marcha en la Ruta Provincial 302 por un malestar repentino. Pero fue otro estremecimiento, más profundo, el que lo impulsó a actuar: un llanto débil, casi imperceptible, que provenía de un descampado.
Sin dudarlo, siguió ese sonido que muchos habrían ignorado. Entre las malezas, encontró a un recién nacido abandonado, frágil y vulnerable. En ese instante, el miedo no lo paralizó; lo movilizó.
Conmovido pero firme, lo cubrió, lo alzó y lo llevó de urgencia al Hospital del Este “Eva Perón”, donde los médicos confirmaron que estaba con vida. Su reacción inmediata fue decisiva. No hubo cámaras, no hubo discursos, no hubo tiempo para pensar en consecuencias: solo el impulso humano de proteger.
En medio de una noticia dolorosa, la figura de Raúl Medina se alza como la de un héroe silencioso, de esos que no llevan capa, pero sí un corazón dispuesto a escuchar incluso el llanto más lejano.
Periódico Digital Tucuman