El Día de las Infancias se creó para promover el bienestar de niñas y niños del mundo. En este marco, especialistas en psiquiatría infanto-juvenil del Hospital de Clínicas de la UBA dicen que consultar a tiempo sobre este trastorno puede cambiar el destino de quienes presentan manifestaciones inclusive en sus primeros años de vida.
A veces se tiene temor a acudir a un profesional de la salud mental o a un pediatra para preguntarle por estas ‘dificultades de conducta’, como son llamadas genéricamente. En realidad, son manifestaciones de un niño o niña que no la está pasando bien y un diagnóstico temprano es fundamental para aliviar esos padecimientos”, sostiene la Dra. Silvia Ongini, psiquiatra infanto-juvenil del Departamento de Pediatría del Hospital de Clínicas de la UBA (MN 69.218).
El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) se presenta de 3 maneras: predominio de falta de atención, predominio de hiperactividad con impulsividad o mixto. Se da debido a una predisposición genética, factores neurobiológicos, fisiológicos y/o epigenéticos. De acuerdo a la especialista, afecta lo social y lleva a que la persona tenga baja autoestima “porque se da cuenta de que no rinde como los demás, que pasa a ser la “molestia” de la clase o la casa, que no puede jugar con sus pares. Esto hace que sufra, que se sienta menos y que la pase mal. Es un loop que genera mayor ansiedad y mayor desatención”. ¿Cómo identificarlo?Para que una persona sea diagnosticada con TDAH tiene que reunir ciertas características, que se detectan muchas veces en sus primeros años de vida y se ven en la escuela, en el hogar y en otros ámbitos:
Dificultad para prestar atención a detalles en tareas a realizarDificultad para mantener la atención incluso en actividades recreativasNo escuchar o “estar en otro mundo” aunque no haya algo que esté distrayendoDificultad para terminar tareas o cumplir consignasDificultades para organizar las actividades, poner en orden sus materiales, lo que lleva a que pierdan objetos, en muchos casos importantesEnojarse y frustrarse mucho si tienen que hacer cosas que no les gustan, lo cual potencia la desatenciónDistraerse con mucha facilidad con cualquier estímulo externo Olvidarse de acciones cotidianas como, por ejemplo, apagar la luz por más que se repitaDificultad para planificar. A veces toman decisiones impulsivamente y desde lo emocional porque les cuesta planificarHiperactividad. Mueven manos y/o pies de un lado a otro sin un propósito determinado
En la casa, ayudar a que tengan una rutina o estructura. Esta les ayuda a completar las tareas, los gratifica y les permite sostener y ejercitar la memoria y la atención, que pueden enfocarla en otras cosasEn la escuela, adaptar los contenidos para que no requieran procesos largos que les cueste sostener, produciendo un aumento en su frustraciónDarles herramientas o acompañamiento -incluso muchas veces requiere maestras integradoras o adaptación curricular-Limitar el uso de las pantallas y fomentarles la lectura de cualquier libro de cuentos adecuados a la edad. También es importante que los adultos destinen tiempo a jugar con ellos
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