«Esta denuncia no nace del rencor ni del enojo momentáneo, sino del cansancio, la impotencia y la profunda decepción de muchos alumnos que confiamos en esta institución como un espacio de formación, crecimiento y oportunidad. Lamentablemente, la realidad que vivimos a diario está muy lejos de lo que debería ser una entidad dedicada a formar profesionales de la salud.
Con el paso del tiempo se han acumulado numerosas irregularidades que no solo no fueron resueltas, sino que se naturalizaron. Esto generó un clima de miedo, silencio y complicidad dentro de la coordinación, donde muchos callan por temor a represalias académicas. Son prácticas repetidas, sostenidas en el tiempo, que dan la sensación de una organización cerrada, donde el abuso de poder se ejerce puertas adentro y casi siempre en perjuicio de los alumnos.
Resulta doloroso e incomprensible que una delegación con prestigio permita que una licenciada y coordinadora jefa de enfermería —vinculada a un sanatorio conocido como “Camino al Cielo”— continúe formando profesionales de la salud, cuando sobre su persona pesan múltiples denuncias públicas y escraches. Esto atenta directamente contra la ética, la moral y la calidad de la formación de quienes se preparan para cuidar la vida y la salud de otros.
Duele profundamente ver cómo alumnos que realmente quieren estudiar y salir adelante pierden becas fundamentales para continuar su formación. Becas que se pierden por presiones, amenazas y exigencias injustas ejercidas por un matrimonio encargado del cobro de cuotas, quienes priorizan el pago por sobre el derecho a la educación, aun cuando no cumplen adecuadamente con sus funciones laborales. Estas prácticas vulneran derechos básicos y afectan directamente el futuro de muchos estudiantes.
También denunciamos situaciones reiteradas en las que una docente utiliza sus materis como medio de beneficio personal, solicitando dinero 200, 300 mil mediante transferencias a cambio de bolillas de exámenes, aprobaciones o supuestas “ayudas” académicas. No se trata de hechos aislados: se exigieron sumas elevadas de dinero, favores personales o elementos que luego no fueron abonados. Esto constituye corrupción, abuso de poder y una grave falta ética incompatible con cualquier rol educativo.
Graneros se ha convertido en un espacio olvidado y poco visible, que parece funcionar como una verdadera fábrica de dinero, donde el esfuerzo del alumno vale poco y donde solo crecen los beneficios de algunos dirigentes y docentes. Las promesas incumplidas —materiales, mochilas y recursos que nunca llegaron— son una muestra más del abandono y la falta de respeto hacia quienes estudian.
Aún hoy se responsabiliza a coordinaciones anteriores por malas administraciones, mientras en el presente se repiten prácticas igualmente graves: alumnos presionados para firmar documentos bajo amenaza de no aprobar, libros de actas que desaparecen, títulos demorados o imposibilitados de salir, y privilegios otorgados a personas que rinden o aprueban únicamente por vínculos personales. Todo esto genera desgaste emocional, miedo constante y una profunda sensación de injusticia.
A esta situación se suma algo aún más grave: el acoso y las insinuaciones indebidas por parte de personal 8masculino) de la institución a las alumnas. Estos hechos no pueden ni deben ser minimizados. El silencio frente a estas conductas también es violencia y complicidad.
También duele ver cómo, por problemas personales de la coordinación, se obliga a alumnos a rendir en capital, sin considerar si pueden costear un traslado, si trabajan, si tienen hijos o si realmente están en condiciones de hacerlo. Duele aún más sentir que la dirección acompaña y avala estas decisiones, en lugar de cuidar a los estudiantes y garantizar igualdad.
Existen además situaciones previas claramente irregulares: alumnos preparados con anticipación para mesas, alumnos que comparten espacios privados con la coordinadora, segundos llamados organizados para favorecer a estudiantes de años muy anteriores, y beneficiados que luego ellos mismos relatan públicamente cómo obtuvieron esas ventajas (E.A). Las pruebas son muchas, repetidas y conocidas.
Por todo esto, no queremos que esta denuncia quede solo en palabras. Queremos actos.
Queremos investigaciones reales, medidas concretas y responsables que se hagan cargo. Queremos estudiar en un lugar justo, transparente y humano. Queremos formarnos sin miedo, sin presiones y sin tener que pagar nada más que nuestro esfuerzo.
Porque del otro lado también hay personas. Hay historias, sacrificios, familias y sueños.
Y nadie debería ser formado en salud desde el abuso, la corrupción y el silencio».